
Recuerdo en los años 70 cuando el tenis era un deporte reservado a las clases pudientes y acomodadas. Un buen día, los éxitos deportivos de los Santana, Gisbert y Orantes se consideraron una manera de socializar e instruir a todas las clases sociales, de manera que sus logros deportivos fueron objeto de atención intensa por parte de los medios de comunicación y especialmente de la televisión. En poco tiempo, el tenis pasó de ser un deporte de élites a ser un deporte popular que, llegado a nuestros días, se sigue con máxima expectación por todos los medios de comunicación y -sobre todo- que resulta impensable no poder practicar en cualquier lugar, tiempo y forma.
El golf es hoy el tercer deporte español en número de licencias, pero su penetración en la sociedad, a pesar del número de practicantes, sigue estando a años luz de las posibilidades de difusión y popularización que los media permiten.
Seguir pensando que el golf es hoy un deporte reservado a las clases pudientes es una mentira tan grande como la verdad cierta de que no existen suficientes instalaciones públicas para una práctica popular y extensa que permita a la sociedad acceder a los beneficios físicos, mentales y psicológicos que comporta.