13/12/09

El recuerdo de la caverna


Me acuerdo de que tengo un libro en el cuarto de baño que se títula "Me acuerdo".

Me acuerdo de quedarme dormido mientras veía cabalgar por el desierto a un personaje en Lawrence de Arabia.

Me acuerdo de Luke cuando es enviado a la caverna de Dagobah por Yoda, para encontrarse ante sus miedos.

Me acuerdo de Mark Renton, encerrado y reviviendo cada una de sus fobias.

Me acuerdo de que en Lost hay una escena en la que Jack le dice a Kate que si tiene miedo yy quiere hacerlo desaparecer, cierre los ojos y cuente hasta 5. Lo probé y no funciona.

Me acuerdo de leer que "escribir es corregir la vida". ¿Se puede escribir mientras se juega? Quiero decir, ¿cómo corregir la vida mientras se está viviendo?

Me acuerdo de editar un vídeo sobre un tenista que de repente pierde la confianza y deja de saber quién es.

Me acuerdo de querer salir y no recordar cómo.

Me acuerdo de Ángel diciendome: "Es mejor perder jugando bien que ganar jugando mal". También lo recuerdo diciendo que las mejoras siempre están precedidas de un empeoramiento y que "hay que seguir trabajando".

Me acuerdo de reír en clase con Rubén y Rafa.

Me acuerdo de mi padre dándome consejos sencillos pero imposibles de cumplir.

Me acuerdo de mi madre hablándome de terapia sonriente.

Me acuerdo de Paco cuando jugaba al ajedrez y también buscaba una salida.

Me acuerdo de Sofía esforzándose por animarme.

Me acuerdo de Quique contándome la misma historia pero con otras palabras.

Me acuerdo de que nadie me impide salir, pero permanezco dentro.

Me acuerdo de Nacho, mi profesor de filosofía del instituto, explicandome el Mito de la Caverna de Platón.

Me acuerdo de haber ganado un partido mientras sentía todo esto.

Y me acuerdo de haber perdido estrepitosamente otro partido, mientras también sentía todo esto.

No recuerdo cómo se compite sin pensar en ganar o perder. Tan sólo jugando.

Pero sí me acuerdo de cómo salir de la caverna. Ahora sólo me queda encontrar el camino.

Empieza aquí.

10/12/09

Infracción de las reglas


Hace mucho tiempo que dejé de creer en los dioses y en su encarnación contemporánea, los mitos. Vivimos en sociedades en las que ellas mismas y, sobre todo, sus medios de comunicación, encumbran o derriban, a diario, a personas y personajes sin casi pestañear, o lo que es lo mismo, a través de un simple comentario ante millones de espectadores u oyentes.

Es cierto que todas las sociedades no son iguales, unas tienen sus raíces en el cristianismo, otras en el catolicismo o en el budismo, en fin, y otras como la norteamericana, en el calvinismo, que en esencia se reduce a enfatizar la depravación de la naturaleza moral humana hasta la necesidad de la gracia soberana de Dios en la salvación. Es necesario entender la disquisición que hago, no tanto por razones religiosas, como por razones éticas o morales que moldean las respuestas de la enorme sociedad en que se constituye los Estados Unidos de América y, con ello, comenzar a entender todo lo que está sucediendo en torno al affaire Tiger Woods.

Phil Taylor, de Sports Illustrated, titulaba su editorial hace unos días bajo el lema Cómo destruir una imagen pública cuidadosamente construida, en donde, sin pretenderlo, venía a poner de manifiesto las bondades y maldades de esa raíz calvinista a la que hago alusión. Confirmaba la retirada temporal de los anuncios de Gillette en donde aparecía Woods, así como la bajada de ventas de productos de golf de la todopoderosa Nike y afirmaba que estos síntomas no eran sino el comienzo de multitud de daños colaterales, consecuencia del comportamiento de Tiger, entre los que citaba el hecho de que después de haber sido recibido por el presidente Obama, creía que un nuevo reencuentro, en el futuro, con él se hacía imposible; o que se fuera preparando para soportar el juicio público que se haría de su persona a través de Facebook.

Pero para terminar de entender toda esta cuestión, es necesario -también- acudir a otra de las características esenciales de la sociedad norteamericana, la del patriotismo, y es en ella en donde Tiger Woods no sólo habría sido identificado como el mayor jugador de la historia del golf, sino que, además, vendría a encarnar -como nadie- los valores patrios de ser un hombre de familia, con una esposa rubia y bella y con unos hijos encantadores. Vendría a ser un triunfador, el exponente del poderío de toda una nación, el más elegante, el más distinguido, el más caballero en el más puro estilo tradicional y conservador del golf norteamericano que, a pesar del color de su piel, habría sido aceptado como el mayor embajador del American Way of Life

Y si Tiger encarnaba y representaba a todos y cada uno de sus conciudadanos, si Tiger era el propio EEUU en esa cosmogonía de su sociedad ¿qué puede hacerse ahora que el ídolo se ha derrumbado se pregunta atónita esa sociedad? La respuesta es más simple de lo que parece, porque siempre es la misma. Lo que queda ahora es el circo. El circo a modo de catarsis y cura de una sociedad que es incapaz de digerir la simple y llana falibilidad de la condición humana. Son muchos los que identificados hasta la médula con Tiger, son incapaces de digerirse a sí mismos, son muchos los que se ven impedidos de mirarse ante el espejo y decirse que, hasta hace unos días, imitaban todos y cada uno de los aspectos de su vida, tanto deportiva como personal. El circo en el calvinismo viene a ser como la crucifixión cristiana en la que todos se convierten en Poncio Pilatos. Tertulias, medios de comunicación, periódicos, revistas, comentaristas, televisiones, radios, entidades públicas y privadas, todos se encuentran legitimados para sacudir con saña al otro, a quien hasta ayer era yo ¡pero ya no, que quede claro!

Nunca he entendido la fascinación de la sociedad norteamericana por el escándalo, a lo mejor radica en su manía de convertirlo todo en un espectáculo y en un negocio, pero a mi cualquier escándalo de esta naturaleza, en la que entran en juego las debilidades humanas, siempre me ha parecido una historia triste, no sólo para quienes son sus protagonistas, sino para todos los que se deciden a participar en ella de una u otra forma.

En el juego del golf, cuando se infringen las reglas, existen diversas penalizaciones, que van desde la más grave, la descalificación, hasta la más leve, que es la de un golpe de penalización. No creo que este asunto merezca otro castigo que el de que Tiger Woods se enfrente a su comportamiento con su familia. Todo lo demás responde a un business del que no deberíamos estar dispuestos a participar. En definitiva, en el juego de su vida, todo se reduce a que él y su familia apliquen la penalización que conlleva su infracción de las reglas.

1/12/09

Un equipo

¿Qué es un equipo?
No sé qué decir en realidad. Tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales. Todo se reduce a hoy. O nos curamos como equipo, o nos desmoronamos. Jugada a jugada, pulgada a pulgada, hasta el final.

Ahora estamos en el infierno caballeros, creedme. Y, o nos quedamos aquí dejándonos machacar o luchamos por volver a la luz. Podemos salir del infierno, pulgada a pulgada. Yo no puedo hacerlo por vosotros. soy muy viejo. Miro alrededor y veo esas jóvenes caras y pienso, pienso...he cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer. He despilfarrado todo mi dinero, podéis creerlo. He echado de mi vida a todo el que me ha amado, y últimamente ni siquiera soporto la cara que veo en el espejo.

Mirad, cuando te haces mayor en la vida hay cosas que se van, eso es parte de la vida. Pero solo aprendes eso cuando empiezas a perder esas cosas. Descubres que la vida es cuestión de pulgadas. Así es el fútbol, porque en cada juego, la vida o el fútbol, el margen de error es muy pequeño. Medio segundo mas lento o mas rápido y no llegas a pasarla, medio segundo más lento o mas rápido y no llegas a cogerla.

Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor. Están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno. En este equipo nos dejamos el pellejo nosotros y cada uno de los demás por esa pulgada que se gana. Porque cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos estas pulgadas eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre ganar o perder ... entre vivir o morir ...

Os diré una cosa, en cada lucha, aquel que va a muerte es el que gana ese terreno. Y sé que si queda vida en mí, es porque aun quiero luchar y morir por esa pulgada, porque vivir consiste en eso... las seis pulgadas frente a vuestras caras. Yo no puedo convenceros de que lo hagáis. Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado. Miradle a los ojos. Creo que vais a ver a un tío dispuesto a ganarla con vosotros, vais a ver a un tío que se sacrificará por este equipo. Porque sabe que cuando llegue la ocasión, vosotros haréis lo mismo por él. Eso, eso es un equipo caballeros. Y, o nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos.

Eso es el futbol chicos, eso es todo lo que es.

Ahora, ¿qué vais a hacer?




"Porque en cada juego, la vida o el fútbol, el margen de error es muy pequeño."

"Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor. Están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo."

Eso es un equipo.