29/5/09

El yin y el yang

Foto de Antonio Rull.
El yin y yang es un concepto fundamentado en la dualidad de todo lo existente en el universo según la filosofía oriental, en la que surge. Describe las dos fuerzas fundamentales aparentemente opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. En todo se sigue este patrón: luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frio, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino...Según esta idea, cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. De esto se deduce que nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, sino en una continua transformación. Además, cualquier idea puede ser vista como su contraria si se la mira desde otro punto de vista. En este sentido, la categorización sólo lo sería por conveniencia.

Wikipedia
Sufro cuando mi equipo no gana, me sudan las manos si en los últimos minutos de un partido va empatado mientras lo escucho por la radio, me cuesta conciliar el sueño si un día ha perdido, sigo con interés las noticias sobre fichajes, lesiones y tácticas. Hago conjeturas, teorías y estrategias. Juego a ser presidente, director deportivo, entrenador e incluso los lunes por la noche, en el partidillo con mis amigos, juego a ser jugador.

Cuando tenía unos 6 años me hice una foto con la camiseta de mi equipo. Ese equipo era el Barça. Detestaba ver como mi hermano celebraba los goles de Hugo Sánchez. Para colmo, él podía quedarse a ver las repeticiones de los goles de Estudio Estadio. Recuerdo con mucho dolor un partido en el que el Madrid vapuleó al Barça. Recuerdo a mi padre y a mi hermano celebrando los goles. Y también recuerdo decidir cambiarme de equipo ese mismo día. No me malinterpretéis. No soy ninguna clase de mercenario. Es decir, yo no era más que un niño. Un niño con ganas de integrarse. Y es que ser de un equipo tiene que ver con cuestiones que a veces son arbitrarias, azarosas y coyunturales.

Me remontaré incluso más atrás. Mi abuelo (que en paz descanse), era aficionado de la Unión Deportiva Las Palmas y del Athletic de Bilbao. En la década de los 60 tuvo que marcharse con su familia a Venezuela por culpa de la situación político-económica-social...En los años que pasó allí tuvo la ocasión de ir a varios partidos de fútbol. Un día fue a un partido de exhibición entre el Vasco de Gama y el Real Madrid. Y allí fue donde vio a Di Stefano. Mi abuelo siempre habló de él como el mejor jugador que jamás ha visto. El único que le ha recordado a él fue Zidane. Y allí se aficionó al Real Madrid. ¿Hubo alguna cuestión profunda, de carácter pseudo-religioso, de arraigo geográfico, genético o educacional que propiciara que mi abuelo se hiciera seguidor del Real Madrid y por ende y años más tarde, también mi padre? No lo creo.

Años más tarde mi padre era entrenador del 3 de mayo, equipo de balonmano de la División de Honor española. Desde muy pequeño, tanto mi hermano mayor como yo, crecimos bajo toda una serie de enseñanzas: la cultura del equipo, el esfuerzo compartido, la generosidad, la confianza mutua, el afán de superación.... Íbamos camino de ser grandes jugadores de ese deporte. Recuerdo haber sentido con mucha fuerza todo lo que tuviera que ver con ganar o perder. Tal era mi obsesión con ganar, que cuando jugaba contra mi hermano en la plaza de mi barrio ideaba un sistema infalible: si él metía un gol, sería gol mío; si yo metía un gol, sería doble gol mío. De esa manera, para mi era imposible perder. Y la “victoria” de mi hermano consistía en “no perder”, es decir, empatar.

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Pero, ¿qué es ser competitivo? El verbo “competir” viene del verbo latino “competere”, que venía a significar originalmente, "ir una cosa al encuentro de otra, encontrarse, coincidir" (Corominas, 1987). Es decir, el juego necesita un yin y un yang. Los mitos necesitan un héroe y un antihéroe. El deporte necesita vencedores y vencidos. No se concibe la existencia de ambos en soledad, pues carecerían de sentido. Para que uno gane, otro necesita perder. Y afortunadamente no siempre es así y quizás por eso alguien inventó el empate. Por ejemplo, en uno de los antecedentes del fútbol, una versión de los aztecas mexicanos, estaba permitido como parte del juego matar al contrario para poder ganar...

Así pues, durante muchos años he convivido muy de cerca con qué significa ganar y qué perder. El ganador disfruta porque sabe que se ha salvado de sentir lo que el perdedor. Pero el ganador ha perdido en otras ocasiones. Por eso grita de emoción, porque no ha perdido. Por su parte el perdedor sufre porque no puede ser el ganador. Ambos sentimientos cohabitan en ambos rivales. El ganador tiene un ex-perdedor en su interior y el perdedor es un ex-ganador en su exterior. Si lo pensamos desde el punto de vista de las matemáticas, todavía tendrá más sentido. Cuando a una resta le multiplicas otra resta se convierte en suma. Es decir y podríamos decir, la victoria es derrotar la derrota.

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Las administraciones de Tenerife abandonaron el balonmano cuando el CD Tenerife subió a primera división. Eso significó que no había apoyos para desarrollar los otros deportes, que los políticos decidieron apoyar al fútbol y miles de chavales querían ser futbolistas de élite. De repente se instauró una meritocracia que mermó otros deportes como el baloncesto, la natación, el atletismo o el propio balonmano. Digamos que el fútbol ganó. Y los otros deportes perdieron. Fue la primera vez que me di cuenta de que las derrotas no sólo se daban dentro de los terrenos de juego. La vida también te derrota a veces.

Paradójicamente acabé jugando a fútbol. Y a medida que han ido pasando los años, he matizado mucho mi relación con las victorias y las derrotas. Formar parte de un deporte que es arrinconado, dedicarme a otro deporte en el que no pasaba de un jugador del montón y darte cuenta de que ser bueno en algo es muy difícil, hace que sientas las victorias y las derrotas de un modo más racional. Además y por si fuera poco, con el tiempo descubrí dos deportes claves para entender todo esto: el tenis y el golf.

En esos deportes la competición es con uno mismo. En estos deporte la convivencia es constante con el error y el acierto. De nada sirve que hagas un golpe magnífico si en la siguiente ocasión fallas estrepitosamente. Saber negociar el abismo entre equivocarse y acertar es lo que discrimina a los buenos deportistas de los más grandes.

Además en mi formación como profesional de cultura digital/audiovisual he conocido proyectos que defienden las minorías, que de alguna manera están con los derrotados, que los dignifican, etc. O historias maravillosas como “Niños del paraíso”, donde narra la historia de un niño obsesionado con correr que se apunta a una carrera en Teherán y cuando está a punto de ganarla (y obtener una Copa como recompensa) recuerda que su hermana no tiene zapatos y que el premio para el segundo puesto son unas zapatillas nuevas, lo que hace que decida “perder” y quedar segundo, para “ganar de otra manera”...O Match Point, que nos narra que la diferencia entre ganar o perder estriba en muchas ocasiones en un avatar azaroso y no en la fe de nuestras voluntades....

Por si además todo esto no fuera suficiente, encima a través de mi trabajo he podido acercarme al fútbol de base a través de historias como La liga de los Olvidados e incluso la creación de este propio blog tiene que ver con ese tema y tal y como reza la cabecera: “ni ganar, ni perder...seguir jugando”.


29 de Mayo de 2009. Anteayer, el Fútbol Club Barcelona se proclamó vencedor de la Champions League, consiguiendo por primera vez en la historia de un equipo español ganar los tres títulos en disputa durante el año: Liga, Copa del Rey y Copa de Europa. Ha sido un año increíble para todos los aficionados del Barça que nunca podrían haber imaginado que apenas un año después de haber dicho adiós a jugadores como Deco o Ronaldinho, o incluso al propio entrenador Rijkaard, se verían celebrando esos 3 títulos.

29 de Mayo de 2009. Anteayer, miles de aficionados del Real Madrid veían la televisión. Los más generosos disfrutaban del partido y animaban tímidamente al Barça. Otros sufrían retorciéndose con cada jugada de Cristiano Ronaldo, quizás pensando en que uno de los posibles fichajes de su equipo podría neutralizar tanta euforia de la afición culé.

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Real Madrid y Barcelona. El yin y el yang. Si uno gana, otro pierde. Si uno disfruta, otro sufre. Pero afortunadamente existe el empate, existen las contradicciones y por eso en el anagrama Ying y el Yang, aparece un punto del Ying en el lado del Yang y viceversa. Es decir, confieso que en mi sensación de derrota sobre el penoso año del Madrid convivían anteayer dos sentimientos: por un lado quería que el Barcelona perdiera. Eso aliviaría un poco esa sensación. Pero por otro lado me alegré mucho de que ganara el fútbol que me gusta. El fútbol que jugó la selección española cuando ganó la Eurocopa. Me alegro muchísimo por Guardiola, entrenador y persona a la que admiro profundamente. Me alegro por Iniesta, Xavi y Puyol, futbolistas que representan un modelo de fútbol en el que también creo: la cantera. Me alegro incluso por Rijkaard, tipo que me caía bien y a quién a pesar de haber titubeado en la fase final de su proyecto, es partícipe también de lo que ha sucedido este año.

En fin, me alegro y me entristezco, sí, conviven ambos sentimientos. Porque también estoy harto de la prensa centralista pro-madridista, de la prensa revanchista de barcelona, de los aficionados maleducados que no saben ganar (ni perder), de que no podamos entender que la alegría de hoy puede ser la tristeza de mañana. Porque hace menos de un año, ¿quién hubiera dicho que esto iba a pasar? ¿quién le iba a decir a Laporta que tenía una moción de censura que ahora sería el mejor presidente de la historia? ¿quién le iba a decir a Guardiola, un entrenador recién llegado, que sería estudiado y puesto como ejemplo en la prensa mundial?

Ya me lo dijo un amigo, ¡es mejor ser del Betis! Como casi nunca “gana” nada, no hay que estar sufriendo porque sus expectativas no son las de los equipos que gastan más dinero, que tienen más intereses, que mueven a más aficionados...porque a fin de cuentas, ser del Real Madrid o del Barcelona es exponerse a una tremenda contradicción: pueden llegar a representar una bipolaridad que no beneficia a quiénes creemos que el deporte debe ser algo más que ganar o perder. El ying y el yang, juntos para siempre, dependiendo el uno del otro. La victoria y la derrota al mismo tiempo. Porque todos ganamos y perdemos.

Y de nuevo, enhorabuena culés.