18/10/06

El futbolín: un invento español

Me encanta el título que yo mismo he elegido para mi primer post en este club de crítica deportiva. Me encanta porque ensalza lo balompédico español cercano al diminutivo con sufijo ín, con tilde, que no in, porque lo que es de moda, poco. Me lío. Que me entienda el que quiera o pueda.
Alejandro Finisterre fue herido durante uno de los bombardeos de Madrid durante la Guerra Civil Española. Viendo a muchos niños heridos como él en el hospital (por ejemplo incapaces de poder jugar al fútbol), pensó en la idea, inspirándose en el tenis de mesa. Finistere confía a su amigo Francisco Javier Altuna, un carpintero vasco, la fabricación del primer futbolín siguiendo sus instrucciones. Aunque la invención fue patentada en 1937, Finisterre tuvo que exiliarse a Francia a causa del triunfo franquista en la guerra, perdiendo los papeles de la patente en una tormenta. Después de exiliarse en América del Sur, introdujo algunos cambios como las barras de acero, y divulgó el juego por el continente.

El juego se expandió rápidamente por Europa. Tanto es así que en la década de los 60, cuando Alejandro Finisterre volvió a España, el juego se había extendido ampliamente, a pesar de que gran parte de esta divulgación se debiera al hecho de que los fabricantes valencianos asumieran el juego como nacional.
Luego como siempre, hay una historia negra en todo esto:
(...) esta versión sobre el inventor del futbolín es discutida por los alemanes, que aseguran que el juego fue creado por Broto Wachter, que ya había comercializado un futbolín en 1930. La diferencia estriba en que todos los objetos eran de madera, incluidas las barras, y los 'jugadores' no tenían forma de muñecos, siendo pequeños triángulos.
La primera idea era decir que sólo ganamos en el futbolín, pero ni eso.

Para saber más del futbolín para eso está, como siempre, la wikipedia.

2 comentarios:

  1. Si ya me lo decía mi abuelo, que el futbolín lo inventamos los rojos.

    Ahora bien. Cada cosa en su sitio. Más allá de la coña que pueda provocar, el futbolín me parece un invento de lo más atractivo, democrático (por lo poco que cuesta jugarlo) y adictivo. Y el que no me crea, que lo pruebe.

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  2. Yo me acuerdo de como jugábamos en mi barrio, supongo que como todos pero dentro de la portería poníamos unos calcetines para que las bolas no bajasen y poder jugar sin pagar.

    Ya sabéis, la picaresca española!

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