El deporte es el gran escaparate que todo el mundo observa, por lo que se convierte en muchas ocasiones en la forma más amable de hacer política. ¿Qué mejor relaciones públicas para un país que un deportista en alza?
Así pues, podemos empezar un hilo con los grandes momentos que han demostrado que política y deporte van siempre de la mano. Yo hoy empiezo con tres claros ejemplos.
El primero ya está más que redicho, pero es básico en la historia de los mundiales.
En México' 86 se enfrentaron en cuartos de final Argentina contra Inglaterra con la Guerra de las Malvinas como telón de fondo.
Como la historia se la sabe ya todo el mundo, pongo directamente el segundo gol de Maradona, considerado el más importante en la historia de los mundiales, (después del de Juanito contra Arabia Saudí en Alemania).
La segunda historia tiene como protagonistas a las selecciones de Estados Unidos y la URSS en los Juegos Olímpicos de Lake Placid (Nueva York), en 1980.
En plena guerra fría y previo al boicot a los Juegos de Moscú' 80, estas dos selecciones se enfrentaban para ver quién pasaba a la final, donde esperaba Finlandia.
Los soviéticos eran el equipo a batir, ya que llevaban 4 oros olímpicos consecutivos. Además, unos meses antes, en un partido de preparación, la URSS venció con claridad (7 - 1) al equipo de EE.UU. De hecho, un periodista del New York Times dijo que "a menos que se derritiese el hielo", era imposible que los soviéticos perdieran el encuentro.
El resultado fue lo que los americanos llamaron "the miracle on ice", (siempre le ponen a todo nombres de películas de Hollywood), que acabó con la victoria por 4-3 de los de casa. (aquí el resumen del partido).
La última historia se dio también en unos Juegos Olímpicos, concretamente en Melbourne 1956.
Alli se enfrentaban en la fase final del torneo de Waterpolo las selecciones de Hungría y la Unión Soviética, con la revolución social que tuvo lugar en Budapest y que fue aplacada con violencia por la URSS, como trasfondo político.
Los jugadores húngaros se tomaron el partido como una forma de recuperar el orgullo perdido. El resultado fue un baño de sangre en la piscina, que acabó con Ervin Zador, (el que más tarde fuera entrenador de Mark Spitz), con la cara reventada y con la victoria de Hungría por 4-0 y el partido suspendido para que la exaltación en las gradas no fuera a mayores.

¡Y 'Evasión o Victoria'!
ResponderEliminarMe encanta tu aporte. Tambien se podría reseñar el partido que jugaron Cuba y EEUU hace poco y que ganaron los yankies. Un abrazo
ResponderEliminarBuenísimo el POST buenísimo... hay que continuarlo.
ResponderEliminarComo tu nick indica...¡bien pegá! Muy bueno, continúalo.
ResponderEliminarYo añadiría los sucesos del black power, la primera marathon femenenina... (por no dejarlo solamente en conflictos entre países)
Si se puede aportar, y ya que comentan la famosa escena de Tommy Smith y John Carlos en Mexico 1968, escuchando el himno americano con el puño en alto, permíteme que apunte tres más, aunque sólo sea por no cansar.
ResponderEliminar1) acabo de decir que se tocaba el himno americano en la ceremonia de entrega de trofeos. Ahí tienes una politización del deporte buscada por el propio deporte. Algo que trasciende fronteras como es el movimiento deportivo, nunca debió adherirse a los Estados para medrar; y así nos va. Quizá no fue el primero, pero sí institucionalizó esta práctica el misógino Pierre de Fredy, barón de Coubertin.
2) El rugby contribuyó a la unificación de Sudáfrica con Nelson Mandela como presidente. Próximamente se estrenará una película comercial sobre el tema; el libro creo que ya está en las librerías o a punto de llegar a ellas. Los negros veían el rugby como el deporte de los blancos. Mandela organizó el campeonato del mundo en 1995, y Sudáfrica lo ganó. La población negra acabó volcándose con el equipo en la final y celebrando por todo Johannesburgo (creo recordar) la victoria agónica contra la siempre mítica Nueva Zelanda.
3) Las sombras que siguen existiendo sobre la segunda Copa del Mundo de fútbol, en la que Benito Mussolini cenó la noche anterior a la final con el árbitro del encuentro, sueco para más señas. El trencilla saludó a 'el Duce' en el estadio con el brazo en alto, al estilo fascista. Ni qué decir tiene que Italia ganó la final y los partidos anteriores con ayudas arbitrales. Pero eso no se puede decir...
Me ha gustado mucho encontrar esta bitácora. Saludos.