En 1970 el fútbol vivió uno de sus momentos más gloriosos. Brasil reunió a varios de los jugadores con más talento de siempre y guiados por Pelé interpretaron este deporte de una de las formas más sublimes que jamás se haya visto. La efectividad y la contundencia se dieron la mano con la estética y el resultado fue un Mundial de lujo, para algunos el más brillante de la historia. Para el recuerdo quedó el tercer título de Brasil, pero por encima de todo su juego, que enamoró para siempre a los privilegiados que pudieron seguirlo en directo y a quienes hemos tenido la ocasión de ver esos partidos años después.
Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo, Clodoaldo, Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino completaron una alineación de ensueño. Estos diez jugadores… ¿Diez? ¿Y el portero? De aquel guardameta nadie se acuerda, es como si Brasil hubiera jugado sin portero. Nunca ha sido sencillo ser portero y mucho menos en Brasil, un país en el que se venera la fantasía y que siempre ha parecido que jugaba con un guardameta porque le obligaba el reglamento. En un territorio en el que han nacido algunos de los mayores malabaristas del fútbol causa extrañeza que alguien se decida a convertir las manos en su instrumento de trabajo.
Son personajes peculiares, sólo puede jugar uno por equipo, viven en una eterna soledad y visten diferente a sus compañeros. Y si en un encuentro su indumentaria coincide con la de alguien es con la del árbitro. Es para pensarse lo de situarte bajo una portería y pasarte tu jornada laboral tirándote al suelo y recibiendo balonazos.
Félix Mielli era el portero de aquella selección, el gran olvidado de los héroes del ’70. De cuerpo liviano y no siempre bien considerado por la crítica, Félix se vio favorecido por una serie de casualidades que terminaron por llevarle a vestirse la camiseta con el número 1 de la canarinha. Conocido como Papel, porque en sus vuelos su ligereza le hacía caer como una hoja papel, o eso decían, fue excluido de la selección meses antes del Mundial por el técnico Joao Saldanha, quien se fiaba más de los jóvenes Ado y Leao.
Sin embargo, en marzo de 1970 Saldanha fue despedido y reemplazado por Mario Lobo Zagalo, quien no tardó en recuperar a Félix para situarle bajo una portería que en los tres Mundiales anteriores había defendido Gilmar. Sus actuaciones no pasaron de discretas y fue especialmente criticado por el error que permitió marcar al uruguayo Cubilla. No obstante, nada grave al final. Era el 0-1 de un partido que terminó ganando Brasil por 3-1. Participó en todos los choques y aunque para la mayoría su nombre cayó en el olvido, siempre podrá presumir de haber formado parte de una selección que elevó este juego a la categoría de arte.
De otra cosa de la que podrá presumir es de haber actuado como jugador de campo y de haber marcado un gol. Fue en 1964, en un amistoso que disputó con la Portuguesa frente a un combinado de Massachusetts en Nueva York. Cuando el marcador ya era 9-0 a favor de los brasileños, el portero suplente Orlando saltó al campo y Félix pasó a actuar como jugador de campo. Tuvo tiempo de firmar el décimo gol de su equipo, que acabó venciendo por 12-1.
Fue un breve momento de pequeña gloria individual para alguien que vivió de la gloria colectiva.
14/10/08
El portero sin nombre
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Saludos
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Saludos
Gran aporte Feli. Me ha emocionado. Es totalmente cierto la soledad que vive el portero, mientras los demás jugadores su mision es dar espectaculo, tu mision es evitarlo..... Gracias
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