3/2/09

Mandela y el rugby.



Escuché hace poco que un periodista corresponsal en Sudáfrica en los 90, John Carlin, ha escrito un libro, "El factor humano", sobre el papel de Nelson Mandela en la consecución del título mundial de rugby para Sudáfrica y de como para conseguirlo unificó a un país roto por las divisiones raciales. Todos sabemos más o menos la historia de Mandela y de como con 71 años se proclamó Presidente de dicho país; así que me centraré sólo en en el deporte.

En Sudáfrica el rugby no era un deporte corriente, era el deporte de los blancos y por ello odiado por toda la población negra del país. Poseía su propio himno y era la cuna de muchos racistas blancos, los cuales ni siquiera permitían la incorporación de negros en el equipo. En tales ciscunstancias este país acoge la Copa Mundial de Rugby en 1995.

El país queda sucumbido ante una fiebre enorme; ante el lema "un país, una nación" la selección de rugby cobraba vida y entonces los "springbok" (como se le apoda a los jugadores sudafricanos) ganaban en el partido inagural a la que era la campeona, Australia, con un marcador de 27-18. La emoción popular era tal que hasta el capitán del equipo quedó anonadado ante ella, como muestran sus palabras:

“Yo me iba a encontrar con mi novia y mi cuñada en la zona ribereña para comer algo tranquilamente, ¡pero en Sudáfrica no hacemos las cosas con tranquilidad después de haber triunfado ante los favoritos en ganar la Copa del Mundo de Rugby!”, recordó Pienaar.

“Entonces cuando me iba acercando a la zona ribereña, algunas personas me descubrieron y de pronto había una multitud alrededor y ¡me llevaron sobre los hombros hasta donde me estaba esperando la que ahora es mi mujer! Fue realmente embarazoso”.

Así avanzaron hasta la final, donde aparece una de las manifestaciones más impresionantes en contra del racismo apoyado por el deporte.

Iba a empezar la gran final ante una de las favoritas, Nueva Zelanda, cuando un hombre de color baja al campo de juego vistiendo la camiseta de los Springbok con el dorsal numero seis. Era Mandela el que se dirigía hacia los jugadores formados en el centro del campo. Como relata el capitán Pienaar de nuevo:

“Yo nunca me imaginé que él iba a estar allí, y nunca en mi vida pensé que iba a usar la camiseta de los Springbok. Y él estaba allí con toda su aura. Él sólo nos deseó buena suerte, eso es todo lo que dijo.”“Luego se dio vuelta y ahí estaba el número seis en su espalda, ¡y ese era yo! Estaba tan emocionado que no podía cantar el himno, yo estaba muy emocionado y muy orgulloso”.

No sólo eso consiguió Mandela. Todo el campo tras ese momento empezó a corear su nombre, el noimbre de un hombre negro, cantado por miles de aficionados, blancos (los que odiaban a los negros y les prohibían de este deporte) y negros (los cuales veían ya el rugby como el espíritu de su nación). Se cantó el himno nacional, que el mismo Mandela cambió por el anterior, el cual era una canción de liberación de los negros durante la represión blanca, y que hizo que se aprendieran todos los juagadores de la selección (todos blancos exceptuando a un negro). Todo un país vibraba, todos sin excepción. Todos era sudafricanos de primera.

Pero no sólo los sudafricanos estaban eufóricos. Hasta a los neozelandeses le embargó esta emoción como bien explica El Mejor Jugador del torneo, Jonah Lomu:

“Primero te intimida darle la mano a Nelson Mandela con la camiseta de los Springbok, y te hace sentir que toda la presión estaba sobre nosotros porque ellos tenían a Nelson Mandela de su lado, tenían finalmente un país unido después de años de lucha… ese día todos estaban unidos”.

Y así consiguió Sudafrica su primer mundial de rugby, tras una prórroga cun drop realizado por Joel Stransky.

Tras el partido Mandela entregó la copa al capitán Pienaar transfromándose esa imagen en una de los mayores testimonios de conquista social en cuanto a derechos civiles y de como el deporte, más veces de las que creemos, se convierte en ese vehículo que lo hace posible como bien lo dice una de los jugadores:

“Viendo a Nelson Mandela cuando Francois levantó el trofeo pensaba lo que este hombre hizo por este país, y ahora de pronto nosotros hicimos algo por este país. Parece una lección para todos: que podemos hacer las cosas juntos”, reveló van der Westhuizen.

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