29/6/09

A vueltas con el periodismo deportivo

Después del post de nuestro compañero Pedro Jiménez, no me resisto a comentar con ustedes otra cuestión que relaciona el deporte y el periodismo, llevando a un límite difícilmente reconocible lo que se puede denominar como "crítica deportiva".

Hoy se ha sabido que han imputado a José Luis Pérez Caminero, antiguo jugador del Atlético de Madrid, por un caso de tráfico de drogas y blanqueo de dinero.

Lo interesante de todo esto no es saber si este señor realmente es un outlaw o no. Vi por primera vez la noticia al mediodía, almorzando, en TVE1. La pusieron en la sección de 'sucesos' o como se llame. Ésa que va antes de los deportes y después de la política.

Ya de noche, mientras cenaba, vi la misma noticia, pero ahora en A3. La diferencia es que la metieron en la sección deportiva, al lado del interesantísimo bloque diario dedicado a Cristiano Ronaldo.

Me gustaría saber qué pensáis de esto. Yo me pongo del lado de la opción que tomaron en TVE1. Creo que, por mucho que la noticia tenga como uno de los protagonistas a un famoso deportista, el hecho noticiable no está relacionado con el deporte. Lo fundamental aquí es el delito de una persona relevante, que sí, que es conocida por el fútbol, pero es una cuestión aquí circunstancial y, por supuesto, secundaria.

18/6/09

Periodismo deportivo qué?

Para qué contar algo más si el autor lo explica tan bien.

"Nunca he sufrido insultos racistas"
Por Nick Panzeri

Los abucheos a Matthew Booth, único jugador blanco de los anfitriones, en el partido inaugural de la Confecup no parecían escandalizar a nadie en Johannesburgo, pero sí a la prensa española, que no se lo pensó dos veces a la hora de calificar aquello como un escándalo.

"Pitos para el blanco propio", titulaba El Mundo su crónica del partido. "Los aficionados surafricanos abuchean a Booth, el único blanco de su equipo", anunciaba El País en el subtítulo. Abc, La Razón y, como no, Marca y As, también destacaban este suceso, sorprendidos de que ningún otro medio internacional se hiciera eco de la noticia.

Al parecer, ningún periodista español reparó en que el unánime "buuuuuu" que chillaba el publico cada vez que que el fornido central tocaba el balón tiene una fonética similar al Booth de su apellido.


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Como bien dice Guerraeterna es Chanante!! (lo del periodismo deportivo en España, se entiende):

13/6/09

Gasol Nigga Flow

Corren rumores de que Gasol va a ser el protagonista de la nueva temporada de "The Wire".
Mientras tanto está a un partido de ganar su primer anillo en la NBA, demostrando que cada día es más "nigga".

5/6/09

El bautismo sádico

Recuerdo estar en casa de mis abuelos en la calle Amador de los Ríos. Muchos años hace ya de eso. Como todas las tardes del domingo en que el Betis jugaba fuera, mi padre y yo, infante aún, escuchábamos al maestro Araujo en una radio Sony de las que se sintonizaban con una ruedecilla.

La señal era siempre muy baja, con lo que siempre me tocaba a mí realizar las más ridículas posturas con el transistor en la mano para convertirme en la perfecta antena humana. Normalmente había risas, preocupación, cabreo y hasta resignación.

Ese día no. Ese día nos metimos mi padre y yo en la habitación. Nos encerramos con un espartano vaso de agua cada uno. Ni mi padre quería un gramo de cerveza que le turbara una neurona ni yo una gota de Kas Naranja que me hiciera subir el gas a la cabeza. Quería tener la máxima atención puesta en los desconcertantes comentarios de Araujo. No era un partido normal. El Betis se jugaba el descenso en una promoción de las de antes con el Tenerife.

Mi abuelo ni siquiera pudo escuchar el partido. Se fue a dar un paseo por el barrio. Es otra forma de oírlo. Por los gritos de la gente sabes quién ha marcado.

Un gol, otro gol y otro. No del Betis, claro.

Ese fue el primer día en que realmente aprendí a ser bético. Creo que las lágrimas de mi padre sirvieron para bautizarme. No encuentro mejor manera de explicar lo que significa ser aficionado de este equipo. Tiene un punto de sadismo. Es disfrutar con el sufrimiento para saborear mejor las alegrías.

Ése día mi padre me dijo, mientras lloraba, que me pusiera la camiseta del Betis para salir a cenar.


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Los párrafos anteriores los escribí en el Tuenti el pasado 13 de marzo después de ver en el estadio una derrota (más) Betis en casa.

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El domingo pasado, 31 de mayo, el Betis bajó a Segunda por décima vez en su historia y segunda o tercera vez en mi vida consciente.

Diez minutos antes de que acabara el partido contra el Valladolid, decidí irme del estadio. En parte por nervios, en parte por presentimiento y en parte porque ya no podía aguantar más los puros de mi vecino de asiento, que ése día estaba especialmente fogoso (en su sentido más humeante).

Soy de los béticos, y no me importa reconocerlo, que ha aprendido a no sufrir. Con el paso de los años y los disgustos futbolísticos, he creado una técnica de autodefensa antidepresiva que ya hubiera querido para sí nuestro malogrado David Carradine: con las victorias (pocas), disfruto (mucho); con las derrotas (muchas), padezco (poco). Digamos que he aprendido a utilizar al Betis en mi propio beneficio o digamos también que quizá he conseguido dominar a la bestia que llevo en mí.

Y por todo esto, el domingo no estaba especialmente triste. No lo estaba hasta que, como digo, decidí irme del campo. Cuando entré en los vomitorios, aún casi vacíos, le vi y me quedé inmóvil mirándole. Un niño, un infante, lloraba y vomitaba al lado de las escaleras mientras su padre le sujetaba la frente y apartaba la bufanda para que no se manchara.

Como pude, salí del campo y empecé a correr hasta mi coche, no para poner la radio y escuchar los últimos minutos, sino para llegar pronto a casa. Sin verlo venir, la ansiedad me estaba venciendo por goleada.

Al llegar a casa, me senté en mi cama. Por los pitidos de los coches y los cohetes con olor a sevillimo, ya sabía que el Betis había descendido. Y sin embargo, no pensaba en eso, sólo en el chico vomitando.

Dos minutos después, estaba buscando en mi armario una de las camisetas del Betis que tengo. Cogí la más antigua y salí a la calle. Hice unos estiramientos mientras seguían sonando claxons y dolorosos petardos. Al poco, me puse a hacer footing.

Mientras corría, pasaba al lado de muchos béticos que volvían del campo. Palmadas de de complicidad en la espalda. "Ánimo que la temporada que viene subimos", le dije a uno que agarraba con fuerza su bufanda. "Vamos, coño, que el Betis somos nosotros", me respondió.

29/5/09

El yin y el yang

Foto de Antonio Rull.
El yin y yang es un concepto fundamentado en la dualidad de todo lo existente en el universo según la filosofía oriental, en la que surge. Describe las dos fuerzas fundamentales aparentemente opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. En todo se sigue este patrón: luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frio, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino...Según esta idea, cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. De esto se deduce que nada existe en estado puro ni tampoco en absoluta quietud, sino en una continua transformación. Además, cualquier idea puede ser vista como su contraria si se la mira desde otro punto de vista. En este sentido, la categorización sólo lo sería por conveniencia.

Wikipedia
Sufro cuando mi equipo no gana, me sudan las manos si en los últimos minutos de un partido va empatado mientras lo escucho por la radio, me cuesta conciliar el sueño si un día ha perdido, sigo con interés las noticias sobre fichajes, lesiones y tácticas. Hago conjeturas, teorías y estrategias. Juego a ser presidente, director deportivo, entrenador e incluso los lunes por la noche, en el partidillo con mis amigos, juego a ser jugador.

Cuando tenía unos 6 años me hice una foto con la camiseta de mi equipo. Ese equipo era el Barça. Detestaba ver como mi hermano celebraba los goles de Hugo Sánchez. Para colmo, él podía quedarse a ver las repeticiones de los goles de Estudio Estadio. Recuerdo con mucho dolor un partido en el que el Madrid vapuleó al Barça. Recuerdo a mi padre y a mi hermano celebrando los goles. Y también recuerdo decidir cambiarme de equipo ese mismo día. No me malinterpretéis. No soy ninguna clase de mercenario. Es decir, yo no era más que un niño. Un niño con ganas de integrarse. Y es que ser de un equipo tiene que ver con cuestiones que a veces son arbitrarias, azarosas y coyunturales.

Me remontaré incluso más atrás. Mi abuelo (que en paz descanse), era aficionado de la Unión Deportiva Las Palmas y del Athletic de Bilbao. En la década de los 60 tuvo que marcharse con su familia a Venezuela por culpa de la situación político-económica-social...En los años que pasó allí tuvo la ocasión de ir a varios partidos de fútbol. Un día fue a un partido de exhibición entre el Vasco de Gama y el Real Madrid. Y allí fue donde vio a Di Stefano. Mi abuelo siempre habló de él como el mejor jugador que jamás ha visto. El único que le ha recordado a él fue Zidane. Y allí se aficionó al Real Madrid. ¿Hubo alguna cuestión profunda, de carácter pseudo-religioso, de arraigo geográfico, genético o educacional que propiciara que mi abuelo se hiciera seguidor del Real Madrid y por ende y años más tarde, también mi padre? No lo creo.

Años más tarde mi padre era entrenador del 3 de mayo, equipo de balonmano de la División de Honor española. Desde muy pequeño, tanto mi hermano mayor como yo, crecimos bajo toda una serie de enseñanzas: la cultura del equipo, el esfuerzo compartido, la generosidad, la confianza mutua, el afán de superación.... Íbamos camino de ser grandes jugadores de ese deporte. Recuerdo haber sentido con mucha fuerza todo lo que tuviera que ver con ganar o perder. Tal era mi obsesión con ganar, que cuando jugaba contra mi hermano en la plaza de mi barrio ideaba un sistema infalible: si él metía un gol, sería gol mío; si yo metía un gol, sería doble gol mío. De esa manera, para mi era imposible perder. Y la “victoria” de mi hermano consistía en “no perder”, es decir, empatar.

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Pero, ¿qué es ser competitivo? El verbo “competir” viene del verbo latino “competere”, que venía a significar originalmente, "ir una cosa al encuentro de otra, encontrarse, coincidir" (Corominas, 1987). Es decir, el juego necesita un yin y un yang. Los mitos necesitan un héroe y un antihéroe. El deporte necesita vencedores y vencidos. No se concibe la existencia de ambos en soledad, pues carecerían de sentido. Para que uno gane, otro necesita perder. Y afortunadamente no siempre es así y quizás por eso alguien inventó el empate. Por ejemplo, en uno de los antecedentes del fútbol, una versión de los aztecas mexicanos, estaba permitido como parte del juego matar al contrario para poder ganar...

Así pues, durante muchos años he convivido muy de cerca con qué significa ganar y qué perder. El ganador disfruta porque sabe que se ha salvado de sentir lo que el perdedor. Pero el ganador ha perdido en otras ocasiones. Por eso grita de emoción, porque no ha perdido. Por su parte el perdedor sufre porque no puede ser el ganador. Ambos sentimientos cohabitan en ambos rivales. El ganador tiene un ex-perdedor en su interior y el perdedor es un ex-ganador en su exterior. Si lo pensamos desde el punto de vista de las matemáticas, todavía tendrá más sentido. Cuando a una resta le multiplicas otra resta se convierte en suma. Es decir y podríamos decir, la victoria es derrotar la derrota.

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Las administraciones de Tenerife abandonaron el balonmano cuando el CD Tenerife subió a primera división. Eso significó que no había apoyos para desarrollar los otros deportes, que los políticos decidieron apoyar al fútbol y miles de chavales querían ser futbolistas de élite. De repente se instauró una meritocracia que mermó otros deportes como el baloncesto, la natación, el atletismo o el propio balonmano. Digamos que el fútbol ganó. Y los otros deportes perdieron. Fue la primera vez que me di cuenta de que las derrotas no sólo se daban dentro de los terrenos de juego. La vida también te derrota a veces.

Paradójicamente acabé jugando a fútbol. Y a medida que han ido pasando los años, he matizado mucho mi relación con las victorias y las derrotas. Formar parte de un deporte que es arrinconado, dedicarme a otro deporte en el que no pasaba de un jugador del montón y darte cuenta de que ser bueno en algo es muy difícil, hace que sientas las victorias y las derrotas de un modo más racional. Además y por si fuera poco, con el tiempo descubrí dos deportes claves para entender todo esto: el tenis y el golf.

En esos deportes la competición es con uno mismo. En estos deporte la convivencia es constante con el error y el acierto. De nada sirve que hagas un golpe magnífico si en la siguiente ocasión fallas estrepitosamente. Saber negociar el abismo entre equivocarse y acertar es lo que discrimina a los buenos deportistas de los más grandes.

Además en mi formación como profesional de cultura digital/audiovisual he conocido proyectos que defienden las minorías, que de alguna manera están con los derrotados, que los dignifican, etc. O historias maravillosas como “Niños del paraíso”, donde narra la historia de un niño obsesionado con correr que se apunta a una carrera en Teherán y cuando está a punto de ganarla (y obtener una Copa como recompensa) recuerda que su hermana no tiene zapatos y que el premio para el segundo puesto son unas zapatillas nuevas, lo que hace que decida “perder” y quedar segundo, para “ganar de otra manera”...O Match Point, que nos narra que la diferencia entre ganar o perder estriba en muchas ocasiones en un avatar azaroso y no en la fe de nuestras voluntades....

Por si además todo esto no fuera suficiente, encima a través de mi trabajo he podido acercarme al fútbol de base a través de historias como La liga de los Olvidados e incluso la creación de este propio blog tiene que ver con ese tema y tal y como reza la cabecera: “ni ganar, ni perder...seguir jugando”.


29 de Mayo de 2009. Anteayer, el Fútbol Club Barcelona se proclamó vencedor de la Champions League, consiguiendo por primera vez en la historia de un equipo español ganar los tres títulos en disputa durante el año: Liga, Copa del Rey y Copa de Europa. Ha sido un año increíble para todos los aficionados del Barça que nunca podrían haber imaginado que apenas un año después de haber dicho adiós a jugadores como Deco o Ronaldinho, o incluso al propio entrenador Rijkaard, se verían celebrando esos 3 títulos.

29 de Mayo de 2009. Anteayer, miles de aficionados del Real Madrid veían la televisión. Los más generosos disfrutaban del partido y animaban tímidamente al Barça. Otros sufrían retorciéndose con cada jugada de Cristiano Ronaldo, quizás pensando en que uno de los posibles fichajes de su equipo podría neutralizar tanta euforia de la afición culé.

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Real Madrid y Barcelona. El yin y el yang. Si uno gana, otro pierde. Si uno disfruta, otro sufre. Pero afortunadamente existe el empate, existen las contradicciones y por eso en el anagrama Ying y el Yang, aparece un punto del Ying en el lado del Yang y viceversa. Es decir, confieso que en mi sensación de derrota sobre el penoso año del Madrid convivían anteayer dos sentimientos: por un lado quería que el Barcelona perdiera. Eso aliviaría un poco esa sensación. Pero por otro lado me alegré mucho de que ganara el fútbol que me gusta. El fútbol que jugó la selección española cuando ganó la Eurocopa. Me alegro muchísimo por Guardiola, entrenador y persona a la que admiro profundamente. Me alegro por Iniesta, Xavi y Puyol, futbolistas que representan un modelo de fútbol en el que también creo: la cantera. Me alegro incluso por Rijkaard, tipo que me caía bien y a quién a pesar de haber titubeado en la fase final de su proyecto, es partícipe también de lo que ha sucedido este año.

En fin, me alegro y me entristezco, sí, conviven ambos sentimientos. Porque también estoy harto de la prensa centralista pro-madridista, de la prensa revanchista de barcelona, de los aficionados maleducados que no saben ganar (ni perder), de que no podamos entender que la alegría de hoy puede ser la tristeza de mañana. Porque hace menos de un año, ¿quién hubiera dicho que esto iba a pasar? ¿quién le iba a decir a Laporta que tenía una moción de censura que ahora sería el mejor presidente de la historia? ¿quién le iba a decir a Guardiola, un entrenador recién llegado, que sería estudiado y puesto como ejemplo en la prensa mundial?

Ya me lo dijo un amigo, ¡es mejor ser del Betis! Como casi nunca “gana” nada, no hay que estar sufriendo porque sus expectativas no son las de los equipos que gastan más dinero, que tienen más intereses, que mueven a más aficionados...porque a fin de cuentas, ser del Real Madrid o del Barcelona es exponerse a una tremenda contradicción: pueden llegar a representar una bipolaridad que no beneficia a quiénes creemos que el deporte debe ser algo más que ganar o perder. El ying y el yang, juntos para siempre, dependiendo el uno del otro. La victoria y la derrota al mismo tiempo. Porque todos ganamos y perdemos.

Y de nuevo, enhorabuena culés.